La
investigación debe convertirse en inseparable con la docencia, en la
perspectiva de enseñar lo que se investiga e investigar lo que se enseña.
Asimismo, como la posibilidad de convertir la docencia en objeto y práctica de
la investigación.
La
formación integral de investigadores es un proceso que se da tanto de manera
formal (en las universidades y otras instituciones) como de modo informal (en
la vida familiar y social). Esto significa que no basta con asistir a cursos
sobre metodología e iniciarse en prácticas de investigación en las diferentes
asignaturas o módulos de las diversas carreras, o realizar trabajos de
investigación en ámbitos fuera del medio académico, para lograr solo con esto
convertirse en investigadores. En el proceso de formación de investigadores
tiene que verse la realidad con otros ojos, con los ojos de la ciencia;
observar lo que otros ‘no ven’ o ignoran; detenerse a reflexionar en aquello
que parece obvio o sin trascendencia para los demás pero que puede resultar
importante para el análisis de los fenómenos que se están estudiando.
La
formación integral de investigadores implica que el individuo domine no solo la
metodología para utilizar correctamente los diversos procedimientos, técnicas e
instrumentos. Se requiere también que se prepare para exponer en forma escrita
y oral los resultados de su quehacer científico. El investigador tiene que
saber elaborar artículos y libros a fin de difundir su labor científica.
También debe ser capaz de exponer ente cualquier tipo de público sus trabajos
de investigación para someterlos a la crítica y contribuir así a que otras
personas participen en la construcción del conocimiento mediante la
presentación de sus experiencias, dudas e inquietudes intelectuales. Una forma
de preparar a las personas para que asuman este compromiso es hacer que
intervengan en seminarios y mesas redondas, como moderadores y expositores,
para superar poco a poco el temor de hablar en público.
Mientras más temprano se inicie al individuo en la investigación, más fácil será que comprenda y realice las actividades propias del trabajo científico. Lo ideal sería que dicho proceso comenzara desde la infancia a fin de aprovechar la gran capacidad de asombro, imaginación y creatividad que poseemos en ese período de nuestras vidas. Nuestra formación desde la niñez en los marcos de las ciencias ayudaría a evitar muchos esfuerzos y dificultades en los niveles medio y superior de la educación cuando pretendemos involucrarnos en un proceso de investigación. Esto nos permitiría tener una mayor disciplina en el trabajo científico: rigor en las observaciones, hábitos de lectura, procesos de análisis y reflexión orientados correctamente, trabajo en equipo, facilidad para exponer en forma verbal y por escrito nuestros planteamientos.
Abero, Laura. Berardi, Lilián y otros. (2015). INVESTIGACIÓN
EDUCATIVA. Abriendo puertas al conocimiento. Montevideo, Uruguay.
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